Ese loco bajito

PeterpancolihueHemos recibido el superclásico Peter Pan y Wendy de James Matthew Barrie, publicado a fines del año pasado por Colihue para su colección Los Libros de Boris. Es una edición magnífica por varios motivos: la impresión a dos colores con una diagramación limpia y espaciosa, las ilustraciones de Oscar Capristo (que saca provecho de los dos colores), y la muy amigable traducción de la escritora Delia Maunás, especialmente para los jóvenes lectores argentinos.

No se trata de una edición “infantil” (resumida, o adaptada al entendimiento de los más pequeños), aunque apunta claramente a jóvenes lectores avanzados, que disfrutan de la palabra que lleva a la aventura. Sin embargo, los lectores adultos podrán disfrutar de las múltiples lecturas que Barrie plantea, sus apelaciones a la fantasía y al absurdo, su fino sentido del humor (no exento de ironía y de amable crítica social) y del diálogo que la novela propone con las que la precedieron (explícitamente con La isla del tesoro, de Stevenson) y las que vendrían después (un buen ejemplo sería El Señor de las Moscas de William Golding).

Los más curiosos extrañarán algún estudio introductorio, que ciertamente excede las pretensiones de esta colección, pero que en el caso de la obra de Barrie parece mandatorio. Esta “carencia” bien puede servir para empujar al lector a entender cuál es la trascendencia de Peter Pan, y descubrir que Peter no es uno, sino muchos.

Me permito transcribir el prólogo de Silvia Herreros de Tejada a la edición de “la obra completa”, para entender esta multiplicidad en el personaje. “J. M. Barrie creó y recreó a su personaje durante veinticinco años, convencido de que tenía entre manos a una criatura única, sucesora de un dios griego, que además de ser inmortal, le otorgaría a él la vida eterna, como creador del mito. Durante años se negó a fijar la obra de teatro sobre el papel permitiendo que otros retomasen al personaje y lo reescribieran a su manera. Llegó a declarar que él, personalmente, no tenía recuerdo alguno de haber escrito a Peter Pan. Como si fuera un personaje mítico a quien solo había tenido que dar forma”. La obra teatral data de 1904 y la primera edición de esta novela no llegó sino hasta 1911. Con todo, la primera aparición de Peter es en otra novela, El pajarillo blanco (1902), novela cuyos capítulos centrales componen Peter Pan en los jardines de Kensington, publicada por primera vez, de forma independiente, en 1906. La publicación definitiva de la obra de teatro Peter Pan o el niño que no quería crecer vio la luz recién en 1928, con una dedicatoria (“Para los cinco: una dedicatoria”) en la que Barrie recuerda cómo surgió el primer Peter Pan, con ayuda de los hermanos Llewelyn Davies. Ejemplo de estas reescrituras y agregados es “Cuando Wendy se hizo mayor: una ocurrencia tardía” de 1908, que aporta un final alternativo a la obra. Se escribió con la intención de ser representada, como sorpresa para el público, una sola vez.

PeterpanKen¿Cómo era el Peter Pan que recorría los jardines de Kensington (en Londres, donde vive el Rey)? Dice Herreros de Tejada: “En primera instancia, Peter Pan no crece porque no puede, porque no se le ha permitido hacerlo. Una idea enraizada en la mente del autor desde los seis años, cuando se dio cuenta de que algunos niños no crecen nunca. Su hermano David, el preferido de su madre y la promesa de la familia humilde, murió en un accidente de patinaje sobre hielo en el lago del pequeño pueblo escocés de Kirriemuir. Para Barrie, que por entonces ya representaba obritas en el lavadero de su casa, David adquirió una extraña cualidad, casi heroica: permaneció eternamente joven, de modo que «cuando yo me había convertido en un hombre, él seguía siendo un niño de trece años»”. El Peter Pan que se pasea por los jardines de Kensington es un “bebé «muy viejo, pero siempre tiene la misma edad» que se escapó de su casa para volar a los Jardines de Kensington, donde nacen los pájaros que luego se convertirán en los niños que pueblan el mundo real. Tras correr muchas aventuras, el Peter Pan de El pajarillo blanco intenta regresar a casa para hacerse mayor y enfrentarse a la vida, pero la ventana está cerrada y su madre abraza a otro niño. El pobre, abandonado, no tiene más remedio que permanecer en los jardines anhelando su humanidad perdida y encargándose de enterrar a los bebés que se mueren al caer de los carritos. Siempre de dos en dos, para que se sientan menos solos”. Claro, Peter cambiará, se volverá “arrogante, osado, hechicero… Y el productor Charles Frohman se empeña en otorgarle una nueva cualidad: Peter Pan no crece por rebeldía, porque no quiere, y la tragedia inicial de Barrie se convierte en el triunfo del personaje”. (Pueden encontrar el prólogo completo aquí)

La excelente versión Peter Pan y Wendy publicada por Colihue es, como se puede ver, una gran excusa para acercarse y enamorarse del personaje (a esta altura, tan mitológico como el fauno que le prestó el apellido) y sus aventuras, pero también para redescubrir el estilo narrativo de Barrie y sus ácidas observaciones sobre la conducta de los padres y los hijos. Y, claro, volver a Nunca Jamás: un lugar de donde nunca quisiéramos haber partido.

Alejandro Alonso

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