Tres mecanismos infalibles para impulsar la creatividad narrativa en el aula

Contar historias forma parte de nuestra naturaleza como seres humanos. Sin embargo, a la hora de querer ejercitar esta habilidad, a menudo no se nos ocurre nada. Los relatos de ficción (sobre todo los de género fantástico) manejan una serie de mecanismos que, puestos en práctica, pueden ayudar a disparar la creatividad.

Por Alejandro Alonso

Me gusta construir universos y contar historias. No hace falta mucho para poder hacerlo, es una habilidad social inherente a nuestra naturaleza humana. De hecho, a la hora de entender los mecanismos a través de los cuales contamos esas historias, van surgiendo una serie de elementos motivadores que se repiten. En este post, resumiré algunos de esos elementos que, bien aplicados, podrían servir para disparar la creatividad narrativa en el aula. No pretendo inventar la rueda, sólo mostrar cómo se la puede hacer girar.

Mecanismo 1: Disparidad entre los personajes y su contexto

Al charlar con otros escritores, suele aparecer el concepto de imagen generatriz de un relato. Es una combinación de ideas o imágenes dispares. En el caso de Rafael Pinedo, por ejemplo, contaba que su novela Plop surgió a partir de un mecanismo de este tipo. “La novela surge de un par de imágenes que me aparecieron y se combinaron: la de una persona que está en el fondo de un pozo y ve cómo lo van tapando de tierra, y la de una mujer que pare un hijo caminando. Para darles coherencia tuve que armar todo un mundo”. Sobre el origen de El año del desierto, Pedro Mairal contaba: “Yo vi, en un momento, una torre de esas del microcentro, en un pajonal. Esa fue una imagen que me venía dando vueltas. [Me] decía: ¿cómo voy a llegar a eso?”

A partir de estas experiencias es que surge el primero de los mecanismos a los que hago referencia. Se trata de imaginar personajes (caracterizados, por ejemplo, por su ocupación laboral, o por su edad) en contextos que no son los que suelen albergarlos. No se trata de ubicar al burócrata en una oficina pública, al bebé en su cuna, al cura en su iglesia, o al bombero recorriendo los restos de un edificio incendiado. Se trata de ubicar al bebé entre los restos del edificio incendiado, al burócrata en la iglesia, al bombero en la cuna, y al cura en una oficina pública. Esta falta de armonía entre el personaje y su contexto hace que inmediatamente nos preguntemos: ¿Cómo llegó hasta allí? ¿Qué está haciendo? ¿Cómo saldrá (o volverá a su entorno habitual, en caso de que sea posible)? En ese proceso, ¿qué aliados (o contrincantes) encontrará? ¿Qué dificultades? ¿Cómo lo afectará esta experiencia? Dado que tenemos una mente narrativa, resulta natural elaborar conjeturas para responder esas preguntas. Esto es lo que dispara el

relato.

Mecanismo 2: Limitaciones en los personajes
Caracterizar a los personajes es sacarlos de una condición de omnipotencia, limitarlos. Y esas limitaciones son el segundo mecanismo que quiero proponer, porque son las que disparan lo que podemos llamar “la peripecia”, lo que debe hacer el personaje o lo que le pasa al personaje. Curiosamente, limitar a los personajes los dota de una mayor autonomía respecto del autor. Un personaje bien caracterizado/limitado hace lo que puede hacer, más allá de lo que el autor desearía que haga.

Imaginemos a nuestro personaje encerrado en una celda y con necesidad de salir de allí. ¿Cómo lo hará? Sobre su cabeza hay un ventanuco que bien podría servir como vía de escape. Si nuestro personaje es impreciso, allí se termina toda la peripecia. Pero si previamente establecimos como creadores del personaje que es un tipo grande, de vientre prominente y hombros anchos, probablemente deba pensar en otra cosa. Mejor dicho: tendremos nosotros que pensar en otra cosa. Esa “otra cosa” que constituye la peripecia es lo que hace interesante la historia.

Otro ejemplo: Si nuestro personaje fuera Superman y quisiera visitar a Lois Lane, simplemente tendría que salir al balcón y volar hasta el de ella. La peripecia es bastante directa. Pero si nuestro personaje fuera un chico de barrio bajo, sin superpoderes, sin un peso en el bolsillo, que trabaja o estudia de día (sólo puede salir de noche), entonces el trayecto será forzosamente indirecto. En caso de que su novia viviera lejos, ¿cómo conseguirá los medios para costearse el pasaje en colectivo, o convencer a otro de que lo lleve? ¿Irá caminando? ¿Qué sitios deberá atravesar? ¿Qué peligros o contratiempos se le pueden presentar en el camino? ¿A quién conocerá? Como en el caso anterior, la búsqueda de respuestas es la que hace funcionar la mente narrativa.

Mecanismo 3: La escalera narrativa
Cuando se crea un personaje o un universo (para este post, por universo entendemos el contexto en el que se mueven los personajes: ambiente, cultura, relación con otros personajes y con los factores del poder, características físicas o mentales que una sociedad, un país, o un mundo hereda en sus personajes…), se pueden plantear algunos “ladrillos” arbitrarios, pero otros serán frutos de la configuración que, de manera acumulativa, se va estableciendo en torno a esos personajes o universos.

Así, cuando estamos al pie de esa escalera que es la construcción de los personajes, podremos decir que tiene padre y madre, hermanos, que se críó en tal lugar (localidad, ciudad, provincia, país, mundo alienígena, contexto social), tiene tal edad, posee (o no) ciertas habilidades y poderes, etcétera. Con estas premisas ya podemos trepar al primer escalón. En base a estas caracterizaciones aparecerán como consecuencia de lo anterior, por deducción, por generalización, por la aplicación de observaciones particulares o de normas generales, una serie de nuevas características y comportamientos. Es el segundo escalón. Desde el segundo escalón, ya estaremos en condiciones de ascender (a través del mismo método, o de la interacción entre el personaje con otros elementos a lo largo de la peripecia) al tercero, cuarto, quinto escalón. Lo importante: eso que descubrimos en el tercer escalón, no se ve desde la base de la escalera. Hay que subir cada peldaño para poder ver el siguiente y más allá.

No necesariamente se ascienden los peldaños a priori: a menudo esto sucede mientras estamos escribiendo el relato y “vemos” a través de los ojos del personaje.

Lo mismo sucede si queremos crear un universo. Al establecer las normas fundamentales de la sociedad en la cual ocurrirá nuestro relato, estamos en el primer escalón. Cuando los personajes comienzan a vivir dentro del cuento, surgen cuestiones nuevas, decisiones que hay que tomar, o deducciones que emergen, o incluso nuevas premisas que deben ser armónicas con las precedentes. Todo esto nos permite resolver la dinámica de esa sociedad. Tanto en el caso de los personajes como en el de los universos, lo importante es buscar la rigurosidad o, al menos, la verosimilitud. Cada peldaño debe ser coherente y armónico con el anterior. De otra forma, en lugar de construir, se destruye.

Algunos ejercicios que he planteado en talleres literarios en torno a estos motores dieron interesantes resultados. Me gustaría conocer vuestra experiencia, si deciden tomar la posta.

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