El Sapo Encantado – Cap.7 – Lo que le respondió Atilio a la Muñeca

Atilio, Lengua-Cansada
amagó a salir corriendo.
Y fue en el segundo intento,
con las patas enredadas,
que pensó que si saltaba,
salta que salta, saltando,
y por lo bajo silbando,
tal vez pudiera alcanzar
la ventana y escapar
con honor, disimulando.

Pero no pudo moverse,
las patas, como clavadas.
La muñeca lo miraba,
esperando una respuesta.
¿Se animaría a la gesta
de agradar a la princesa?
¿Tendría la fortaleza
que la hora requería?
¿O por mera cobardía
renunciaría a la empresa?

Sapo_1Recordó a la parentela,
a Don Merlín, al abuelo…
Recordó hasta el verdulero
que atendía a su papá.
Sintió vergüenza quizá,
y metiendo aire en el pecho,
respondió: “¡Dalo por hecho,
que no soy ningún cobarde!”
Y rezó: “¡Que Dios me guarde,
y que me lleve derecho!”.

Y así, todo encomendado,
mansamente se entregó.
La Titina lo midió
para ver si no mentía:
si hablaba su valentía
o si seguía dudando.
Pero lo vio resoplando
como torito en la plaza.
“Se ve que es sapo de raza”,
lo terminó admirando.

“A ver”, dijo la muñeca,
“Si yo te fuera a besar,
te tendría que bañar”.
Y ahí el sapo le contó:
“Con barro me baño yo,
los viernes, en la laguna”.
“Mejor con jabón de espuma”,
retrucó fuerte Titina.
Y lo empujó hacia la tina,
donde gorjeaba una ducha.


Ésta es la séptima parte de “El sapo encantado”, basado en la obra de títeres de Florencia Tabanera, adaptado por Alejandro Alonso.

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