El Sapo Encantado – Cap.8 – La primera prueba

“Este cuento que les cuento
no es mentira ni verdad.
Y si piensan que lo invento…”
¡Me acabo de equivocar!
¿Dónde estará mi argumento?
¿Quién lo habrá desordenado?
Parece cosa del viento.
Un libro traspapelado.

El capítulo dos dice
(si no me han malinformado):
“Habrase visto la triste
suerte que le ha tocado…”
Y el seis habla de Titina,
y el siete de la respuesta,
que con mucha valentía
le dio Atilio a la muñeca.

Ilustración: María Florencia Tabanera

¡Ah, ya sé: se está duchando!
Aquí está lo que he perdido.
Atilio canta, y cantando
se olvida de su destino.
De no ser sapo completo,
de tener sangre real,
de su princesa de cuento,
y del beso que dará.

Atilio canta y… ¡Escucha!
Cada pompita que flota
en el vapor de la ducha
se transforma en una nota.
La menor de las burbujas
Reminora en el jabón,
con un gorjeo de espuma
en Mi séptima menor.

Atilio canta y… ¡Atento!
Cada gota que salpica
le da lustre al sentimiento
de los versos que recita:
“La mar estaba serena,
serena estaba la mar.
Y yo le canto a las penas,
así, me dejan de hinchar”.

“El amor está en las cosas,
el amor te hace cantar.
Y está en las rosas rojas
que te voy a regalar.
Mi princesa está llegando.
¡Al fin voy a conocerte!
Mi suerte ya está cambiando.
¡Qué linda es mi nueva suerte!”

Atilio cierra la ducha,
y se envuelve en el toallón
blanco, verde y esponjoso,
como el abrazo de un oso.
Titina sonríe y dice:
“Primera prueba aprobada,
pero fue sólo un ensayo.
Ahora, busca un caballo”.


Ésta es la octava parte de “El sapo encantado”, basado en la obra de teatro de títeres de Florencia Tabanera, adaptado por Alejandro Alonso.

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