El Sapo Encantado – Cap.9 – Se va la segunda… prueba

“El segundo desafío,
(re-importante, lo subrayo)
es que salgas, sin desvíos,
y que encuentres un caballo.
Debe ser blanco y brioso,
digno de una princesa.
Ni burro, ni león, ni oso:
Un caballo me interesa”.

Las palabras de aquel reto
parecían muy sensatas.
Una princesa de cuento
necesita cabalgatas.
Bañadito y sin premura,
el sapo salió a buscar
la principesca montura
que le iba a regalar.

Recorrió los callejones
y buscó bajo los puentes,
subió y bajó escalones,
y se metió en las fuentes.
“¿Es que no quedan caballos?”,
al final se preguntó.
Fue con el canto del gallo,
que, sin buscarla, la vio.

Ilustración: María Florencia Tabanera

Ilustración: María Florencia Tabanera

En la plaza de aquel barrio,
allende las margaritas,
animando el vecindario
había una calesita.
Pececitos, dos aviones,
varios tipos de zancudas,
barquitos, patos, camiones,
que servían de montura.

Y un caballo de madera,
que no era blanco, ni brioso.
Parecía una tetera,
de tan gordo y vanidoso.
Y ese color que exhibía
el pelaje de historieta,
en los ojos no cabía:
¡Era un caballo violeta!

El sapito se acercaba
a la extraña procesión.
La única, que se sepa,
que arranca ande terminó.
Quiso comprar el caballo,
mas no tenía el dinero.
Y ya se estaba marchando,
cuando habló el calesitero:

“Te desafío ché, escuerzo,
por tu alma, encomendada,
a rimar algunos versos.
¡Soy el rey de la payada!
Si en la lid logras vencerme,
el caballo te daré.
Pero si pierdes, ¡qué pena!
A la rueda te ataré…”

“Y te volverás madera,
y girarás sin parar.
Para peor, tu condena:
esta música infernal
escucharás noche y día.
El maldito sonsonete
te irá robando la vida.
¡Serás un pobre vejete!”


Ésta es la novena parte de “El sapo encantado”, basado en la obra de teatro de títeres de Florencia Tabanera, adaptado por Alejandro Alonso.

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