El Sapo Encantado – Cap.3 – Ahora sí, lo que dijo el sapo Merlín

Ilustración: María Florencia Tabanera

Entre viejos pergaminos,
fue googleando la respuesta
(lo que aquejaba al sapito),
el doctor Merlín Zotreta.
Que no era un mal de ojo,
ni dolores musculares,
que no requería anteojos,
ni gimnasias capilares.

No era dolor de panza,
ni caries, ni mal aliento,
ni eran traumas de la infancia,
ni caspa volando al viento.
(Vale la pena aclararlo,
los sapos no tienen pelo,
no tienen caspa, ni piojos,
ni se peinan raya al medio.)

“Le asombrará que le informe
que lo han engualichado”,
dijo Su Alteza Real
“Y fue la Bruja de al lado”.
“¿Engualichado, me dijo?”,
preguntó Lengua Cansada.
“¿No será una indigestión,
de comer tanta ensalada?”

Sapito tiembla“La ensalada no indigesta,
salvo la de papa y huevo,
la que lleva mayonesa
(y si no lleva, yo llevo).
Lo que le estaba diciendo,
lo que le quiero decir,
es que usted nunca fue sapo,
sino un príncipe de añil”.

“Albañil era mi abuelo,
Don Atilio, Dedos Largos…”
“No sea bruto, amigazo.
Añil es algo azulado.
Y usted, un príncipe azul
(o verde, o pardo, morado),
convertido en un anfibio,
porque a alguien ha molestado”.

“Y pa´ salir del gualicho,
lo que tiene que encontrar,
es una linda princesa,
que lo tiene que besar”,
declaró Merlín Zotreta
y le plantó el desafío:
“Debe salir del estanque,
y transitar el baldío…”

“…y atravesar todo el bosque
(en el bosque hay gran peligro),
hasta llegar a la fosa
y a las puertas del castillo”.


Ésta es la tercera parte de “El sapo encantado”, basado en la obra de títeres de Florencia Tabanera, adaptado por Alejandro Alonso.

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