El arte de enhebrar silencios

La lectura de un libro-álbum (cada cual arma su dieta literaria como quiere, o puede) se parece mucho a comer chocolate, puro placer que no sólo ingresa por la boca, sino también por los ojos. Tal vez por eso abordamos La orfebrería del silencio – La construcción de lo no dicho en los libros-álbum (Comunicarte, 2016) con cierto ánimo goloso. No nos equivocamos. Fue como ver a un maestro chocolatero develando los secretos de su arte.

En La orfebrería del silencio, Cecilia Bajour pone el foco en el rol que el silencio cumple en los libros-álbum, donde palabra e ilustración colaboran o se debaten página tras página para que los lectores más jóvenes (y los otros también) descubran sentidos y elaboren disfrutes. Buena parte de la obra está formada por la reelaboración de artículos y ponencias que Bajour (profesora en Letras por la UBA, Magister en Libros y Literatura para Niños y Jóvenes por la Universidad Autónoma de Barcelona, co-directora de la Especialización de Estudios Avanzados en Literatura Infantil y Juvenil de la UNSAM) presentó en congresos y simposios relacionados con la LIJ. En cada capítulo se analizan las estrategias empleadas en distintos libros-álbum relativamente modernos, y los posibles modos de lectura a los que estas estrategias invitan, pero siempre con el silencio como aliado en la construcción de sentido.

Quien la haya tenido como docente (tal el caso de quien suscribe) sabe que Bajour es metódica, rigurosa y que transmite los conceptos de manera más que asequible. Sin embargo, también comprende que Bajour tiene una postura filosófica tomada frente a la creación y el consumo de esta clase de contenido, particularmente en relación al sobredecir o sobremostrar que exhiben buena parte de los libros-álbum industriales, cuyo efecto no es otro que esterilizar la experiencia de la lectura, asfixiando la libertad del lector y delimitando los posibles abordajes e interpretaciones. En esta línea, Bajour sigue los preceptos de las grandes escritoras y pensadoras de la LIJ, explícitamente: María Adelia Díaz Rönnner, claro.

En la vida hay silencios impuestos, y silencios elegidos. Los primeros acobardan y someten, los otros son el último bastión de la resistencia. Muchos de los silencios que describe Bajour a menudo se ubican en esa franja analógica e intangible entre lo textual y lo icónico, a la que (afortunadamente) los mediadores de lectura más autoritarios no pueden acceder.

Para quienes quieran entender la complejidad que subyace en la construcción de un buen libro-álbum, resultará útil el análisis del uso de la metonimia, los estereotipos, los puntos de vista, los desbordamientos, los efectos de lectura, la construcción de sentido en páginas sin palabras, la colaboración o el contrapunto entre lo textual y lo icónico… siempre basados en libros-álbum concretos. También resultan esclarecedoras las comparaciones entre el contenido de los libros-álbum y la poesía.

Cecilia Bajour, junto a Pablo De Santis, en el III Simposio de Literatura Infantil y Juvenil en el Mercosur, celebrado en el predio de la UNSAM en San Martín (2013).

Ciertamente, un libro como el que se propuso Bajour planteaba un problema importante, pero a menudo soslayado por cuestiones económicas y prácticas, o de esnobismo académico. ¿Cómo hacer para que un lector que no tuviera en su biblioteca los libros de referencia pudiera seguir y comprender el análisis esbozado? Hemos leído numerosos autores, cuyos objetos de análisis parecen lejanos a la cotidianeidad, cuando no completamente inaccesibles (pues se hace necesario reconstruir en nuestra biblioteca el sendero de lecturas de quien está exponiendo). Al menos en lo concerniente al amplio abanico de libros-álbum trabajados por Bajour, la inteligente edición de Comunicarte ha podido salvar muy dignamente la cuestión, reproduciendo miniaturas de las páginas analizadas, y a todo color. Así, la obra resulta más accesible a quienes no están vinculados directamente con el mundo infantil, o del análisis literario y de la LIJ en particular.

Por la especificidad del objeto de estudio, por la carencia de otras obras similares en el mercado argentino, y por la oportunidad (basta visitar una librería para entender la coyuntura favorable), La orfebrería del silencio resulta un trabajo muy bienvenido.

Alejandro Alonso, 2016

 

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La larga sombra de Fabrizio Montecchi

Fabrizio Montecchi es un perfeccionista. Articula sus exposiciones con exactitud, utilizando un abanico de recursos que van desde telas en movimiento a máscaras, todo ello integrado con el uso de diferentes pantallas y un conjunto de luces que, incluso para los más conocedores del teatro de sombras, es un acertijo. Como docente, sabe transmitir las técnicas de su arte. No esconde secretos. Responde todas las preguntas, tal vez por aquello de que la letra, si es con paciencia, entra mejor.

Fabrizio Montecchi en la firma de ejemplares.

Fabrizio Montecchi en la firma de ejemplares.

Con motivo del lanzamiento de su libro Más allá de la pantalla. Hacia una identidad en el teatro de sombras contemporáneo (USAM Edita, 2016), Montecchi se presentó en el Auditorio Tanque del Campus Miguelete de la UNSAM. Acompañaron la presentación: Tito Lorefice, director de la licenciatura en Artes Escénicas de la UNSAM; Walter Cenci, secretario académico del Instituto de Artes Mauricio Kagel; y Ana Alvarado, directora de la carrera de Dirección Escénica de la UNA y del posgrado de Teatro de Objetos, Interactividad y Nuevos medios, además de docente en la UNSAM. Desde las gradas, también participaron otros notables, como el director, actor, titiritero, sombrista, puestista y docente, Gabriel Von Fernández; y Carlos Adrián Martínez, director y docente de teatro de títeres.

Durante la presentación, Montecchi, definió: “Antes, a las sombras, se las nombraba como parte de una técnica, cuando en realidad siempre fue un lenguaje”. Como innovador de su arte, ya en la década de 1970, Montecchi comienza a incorporar las pantallas en el espacio escénico. “Las sombras comienzan a separarse de las pantallas, y las pantallas empiezan a tener vida, la luz deja de ser fija y el cono de sombra que produce el objeto ya no es más opaco. De pronto todo empieza a tomar otro cuerpo, con otras texturas, densidades… y es ahí cuando nacen los primeros cuestionamientos de lo que significa la sombra. ¿Es la ausencia de luz? ¿Es la presencia de oscuridad?

El director y escenógrafo italiano considera que sombra es la ausencia “que llenamos con lo que queremos, lo que somos, lo que queremos ser y, al mismo tiempo, es un fenómeno físico. No se trata de una imagen, porque la imagen sustrae. Es la ecología de la visión”.

La sombra como resistencia

Fabrizio Montecchi, durante el workshop del 4 de noviembre en la UNSAM.

Fabrizio Montecchi durante el workshop del 4 de noviembre en la UNSAM-

“En principio no nos referimos a la sombra como una imagen reproducida, sino una imagen recreada”, advierte Montecchi. “El teatro de sombras es una Resistencia al multimedia, porque es perfectamente lo opuesto”, agregó, y la afirmación despertó una ovación en la audiencia. Acaso porque esa definición le sonó a quienes escuchaban como bandera de reivindicación. “El teatro de sombras usa a los multimedia cuando los necesita, no es un teatro de imagen, sino que tiene la imagen”.

Para el visitante, la expresividad en el teatro de sombras se apoya en la precisión técnica del artista. Lograr esto en una obra, explicó, “es del o más complejo”. En este orden, citó trabajos de Camboya y Tailandia que destacan por la precisión de los performers. También destacó la tradición turca del Karagoz, y el Wayang kulit de Indonesia, además de los burattini y los pupi siciliani, entre otros.

El 4 de noviembre, Montecchi ofreció un workshop para alumnos de Licenciatura en Artes Escénicas de la universidad, donde mostró el detrás de escena de algunas obras que realizó con la compañía Teatro Gioco Vita.

Por María Florencia Tabanera y Alejandro Alonso


Fabrizio Montecchi

Director y escenógrafo. Nació en Reggio Emilia (Italia) en 1960 y realizó estudios de arte y arquitectura. Vive y trabaja en Piacenza. Desde 1977 es colaborador permanente del Teatro Gioco Vita, con el cual ha trabajado en el crecimiento y desarrollo de la experiencia, única en su género, del teatro de sombras. Desde 1978 hasta 1985 participó en la instalación de todos los espectáculos de la compañía asumiendo diversos roles. Ha colaborado en diferentes proyectos: líricos, teatrales y de danza, como La Scala di Milano, La Fenice di Venecia, la Arena di Verona, y Teatro Regio di Torino, y Teatro dell’Opera di Roma, el Aterballetto di Reggio Emilia e il Piccolo Teatro di Milano. Ha trabajado como director de escena y escenógrafo con el Dockteatern Tittut de Estocolmo y la compañía Huriaruuth y Vireä Omena de Helsinki.

Desde 1993 desarrolla una intensa actividad de enseñanza y difusión del teatro de sombras contemporáneo, que lo ha llevado a dirigir residencias de formación e impartir seminarios en todo el mundo. Enseña teatro de sombras en la Ecole Nationale Supérieure des Arts de la Marionnette de Charleville-Meziéres y ha tenido encargos de docencia en la Turku Arts Academy de Turku, en la Akademis Teatralna de Białostock, en Uqam de Montreal y en la Scuola d’Arte Drammatica Paolo Grassi de Milán. Por esta actividad de enseñanza recibió en 2013, el Prix IIM de la Transmission del Institut International de la Marionnette de Charleville-Meziéres.



Sobre Más allá de la pantalla. Hacia una identidad en el teatro de sombras contemporáneo, dice Tito Lorefice en el prólogo:

Desde la mítica caverna platónica pesa un lastre para las sombras: ser la parte inferior de la realidad, condenadas a repetir dócilmente la silueta de los cuerpos, ser el efecto de la resistencia de la luz de los objetos que son iluminados, figuras encarceladas en una pantalla bidimensional.

Liberarlas ha sido una maravillosa tarea que el teatro ha emprendido, convertirlas en recurso expresivo, ser parte de un dispositivo performático, sacarlas de la prisión de la pantalla y, más allá de ella, jugar libremente en la escena.

Es habitual, natural y necesario que un artista conozca las técnicas, los lenguajes, los procedimientos que hacen al oficio; no tan frecuente es que un artista muestre un vasto y profundo conocimiento conceptual de su arte, menos aún que tenga una versátil circulación por los saberes tanto científicos y filosóficos como de otras disciplinas sociales.

Generosidad intelectual, maestría didáctica, respeto y apropiación creadora de la tradición conforman la configuración artístico-teórica de Fabrizio Montecchi, director, escenógrafo y colaborador permanente del Teatro Gioco Vita, donde viene desarrollando la experiencia del teatro de sombras desde hace casi cuarenta años, que se plasman en este libro. Más allá de la pantalla está concebido como testimonio, pero también como fuente, como cantera y usina para quien quiera estudiar, comprender y formarse en el mundo del teatro de sombras.


 

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Silvia, la vengadora

silvia¿Cómo se hace, desde la literatura infantil o juvenil, para tomar posición sin bajar línea? ¿Cómo se hace para criticar sin escribir una diatriba? ¿Cómo se hace para hablar de la escuela sin ser complaciente con el lector escolar, o con los docentes? ¿Cómo se hace para que una narración tenga el sabor de lo confesional, de eso que se ha guardado íntimamente por mucho tiempo, y a la vez resulte universal?

Silvia Schujer responde estas preguntas en el ejercicio de su arte y de su oficio. Con Maleducada Schujer, o más bien su alter ego en la ficción, coloca bajo la lupa —de una forma inteligentemente pendular— la niña que fue y la adulta que es, arrastrando al foco impiadoso de esa lupa la sociedad de la década de 1960, el sistema educativo de entonces, la práctica docente, la cotidianeidad del compañerismo, y las victorias y derrotas de ese pequeño campo de batalla que es la escuela primaria.

maleducadaPara relatar esas pérdidas, revanchas, injusticias, y sus propias observaciones, eligió un vehículo módico pero poderoso: los cuentos. Uno por grado de la primaria. Este abordaje bien podría plantear para el escritor el equivalente literario a El día de la marmota (o Hechizo del tiempo, la película de 1993 protagonizada por Bill Murray). Al fin y al cabo, la escuela tiene mucho de rutinario, y una sucesión de cuentos podría terminar transformada en una repetición de esa rutina, con pequeños cambios en personajes y circunstancias. Bien, algo de eso hay en Maleducada, sin embargo —al igual que sucede en la película de Harold Ramis—, ese desafío también está superado, maravillosamente, con sensibilidad pero sin concesiones, dejando espacio incluso para que el lector tome partido.

Este último punto dispara otra pregunta: ¿Cómo interpretarán este libro esos lectores de 12 años o más (al menos ésta es la calificación que le da el sello editorial Loqueleo), que por un lado pueden sentir que la década de 1960 forma parte de un tiempo remoto, pero al mismo tiempo accesible a través de quienes hoy rondan las seis décadas (abuelos, mediadores de lectura, docentes…)?

Se lo preguntamos a la autora. “Definitivamente, para los lectores de Maleducada, la década del 60 es parte de la historia. De la historia viva, por decirlo de algún modo. Porque muchas de las cosas que se nombran, todavía dialogan con nosotros (y con ellos, claro). Y porque todavía los lectores pueden tener cerca personas (seres de su confianza) con quienes corroborar mis apreciaciones”. Schujer comenta que, mientras escribía estos cuentos, tuvo la sensación de que, a su edad, contar algo de la propia infancia era casi una crónica de época. “Y creo que fue eso lo que más me perturbó (el paso del tiempo), pero también lo que más entusiasmo me produjo. Porque tuve que obligarme a recordar. A recordar generalidades: barrios, paisajes, modos de comunicarse… Pero además —y sobre todo—- detalles: objetos, marcas, maneras de nombrar algunas cosas, peinados, caras, personas concretas. Intenso”.

“En los últimos años —cuenta— escribí dos `novelas históricas`: Un cuento de amor en mayo  (con los sucesos de 1810 como telón de fondo) y La moneda maravillosa (Tucumán de 1816). Tanto en un caso como en el otro necesité leer mucho acerca de la vida cotidiana en aquel tiempo y hacer, además, una lectura de los hechos históricos ideológicamente más interesante y menos escolarizada. Tuve que reponer con investigaciones y mucha imaginación, informaciones que me faltaban para narrar —de pronto— las acciones más simples: ¿Cómo se cerraban las puertas? ¿había llaves, pasadores, candados…?”

Pero en Maleducada, Schujer fue testigo. “Me gusta pensar que los lectores van a encontrar en estas historias, marcas de una época que no vivieron, donde aparecen cosas y personas que no llegaron a conocer pero que de algún modo registran y que yo —desde la propia experiencia— les puedo contar (dar cuenta). Historias donde se habla de chicos como ellos, pero con subjetividades muy diferentes en la medida en que el consumo y las comunicaciones —entre otras cuestiones— se desarrollaron a una velocidad de progresión geométrica. Y es que, en los últimos años, las cosas no sólo evolucionaron según ´modelos´ mejores o más modernos, como sucedía cuando de la heladera Siam se pasaba a la Philips, sino que cambiaron sus funciones, sus usos. Los teléfonos sacan fotos, dan la hora, alumbran, acompañan, nos vigilan”.

La autora comenta que, a veces, les pregunta a los chicos que visita en las escuelas: ¿Saben lo que es una máquina de escribir? “Y todos dicen que sí, pero les cuesta describirla. Una vez un pibe la definió perfectamente: es un teclado sin pantalla, dijo. Bien. Estas son las subjetividades (las del protagonismo de las pantallas) que encararán la lectura de Maleducada”.

Más preguntas. Preguntar comienza como ejercicio y termina siempre en vicio.

—¿Cómo te planteaste los “puentes” que permiten unir este tiempo y aquél?

—No me lo planteé. El puente soy yo. Soy la escritora que en los sesentas era una niña, una de las niñas de las que habla la ficción y, a la vez, soy la escritora que, mientras cuenta lo que recuerda, es contemporánea de sus lectores.

—En Buhonito´s Blog estamos muy tentados a preguntarte cuánto de autobiográfico hay en Maleducada, pero por otro lado nos negamos a hacerlo. Por eso reemplazamos esa pregunta por otra: ¿Cómo fueron surgiendo estas historias?

—En las ficciones nunca hay hechos reales, si se me permite. No obstante, las historias de Maleducada tienen base en fragmentos de algún suceso autobiográfico que el tamiz de la memoria capturó e interfirió, y que la ficción, definitivamente, reinventó.

“La primera historia que escribí de esta serie fue ´Curiosidades del reino animal´. De algún modo es el relato que menos se corresponde con el registro general del libro. Es mucho más desmesurado que el resto; más ´irrealista´, si se quiere. Pero fue el primero, el que marcó el rumbo, el que contiene la piedra fundamental que define al conjunto: cierta idea de venganza, en el mejor sentido; en lo que ´la venganza´ —en este caso a través de la denuncia que puede leerse en los cuentos— tiene de reparadora. Si afilo un poco esta idea diría que todo lo que escribo intenta reparar algo. Pero, en el caso particular de estos cuentos, la intención se me hace evidente. Te voy a contar cómo fueron algunas personas que me hicieron sufrir. Te voy a hablar de las hipocresías escolares tal como las viví y como las entiendo ahora. Voy a compartir con vos cómo se expresa en los hechos cotidianos el racismo, la intolerancia, el autoritarismo”.

Silvia Schujer en la Feria del Libro de 2015, con Alejandro Alonso.

—En estos tiempos de escrupulosa corrección política, y de extrema (casi chabacana) incorrección política, ¿cuáles son tus faros para no perder el equilibrio?

—Yo escribo lo que tengo ganas de escribir. Me lo publiquen o no. Porque, además, no todo lo que escribo pretende ser masivamente difundido. A esta altura, además, sé cuáles son las editoriales que aceptan y celebran mis textos más experimentales. Me gusta meterme en territorios desconocidos, me encanta experimentar con el lenguaje, con las formas, con los puntos de vista. A cada historia trato de darle lo que me pide.

Schujer asegura que siempre dice lo que le parece. Y admite: “Esto me proporciona amistades y enemistades. A las primeras, las disfruto y a las otras me las banco (y hasta las sufro, al menos hasta el momento en que las transformo en ficción). El buenismo a ultranza disfrazado de tolerantismo, ése que te deja bien parado con dios y con el diablo no es lo mío”.

—Nos llamó la atención el punto de vista, caracterizado por un vaivén entre la adulta de hoy y la alumna de entonces…

—A mí, la cuestión del punto de vista me determina. Incluso al punto de que,  hasta que no sé desde dónde debo contar lo que quiero contar, no puedo arrancar con la escritura. Si la pego con el punto de vista, el resto fluye. La de este libro es una extraña primera persona, porque por momentos es primera persona del singular y por momentos se asume plural: como un nosotros (nosotros los chicos, nosotros los alumnos). Un yo mayestático. Que el narrador parezca que soy yo (Silvia Schujer) o mis compañeros y yo (nosotros), a mí me ayudó a recordar y a los lectores, supongo, les provocará una curiosidad agregada. Una dosis de sana chismografía.

—¿Con qué libros te parece que “dialoga” Maleducada?

—No sé. Pero leo la pregunta y me viene a la cabeza un poema de Baldomero Fernández Moreno (“El aplazado”). Y algunos cuentos de Cortázar como “Después del almuerzo”, por ejemplo. O “Los venenos”. Me vienen a la mente, también, algunos cuentos de Abelardo Castillo, en especial “La madre de Ernesto” y “Conejo”. En cuanto al punto de vista, ahora que lo pienso, recuerdo La casa de los conejos, de Laura Alcoba, en esa mirada de la adulta que se esfuerza por recordar los detalles de aquello que pasaba a su alrededor y que no terminaba de comprender.

—¿Te gustaría ampliar ese universo, revisitando personajes, incursionando nuevamente en esos años de formación? ¿Te quedó algo en el tintero?

—No sé. No ahora. Tal vez revisite otros momentos de mi historia, pero más adelante.

Sólo cabe agregar que la edición de Loqueleo es sumamente cuidada (basta ver la estética propuesta desde cada uno de los puntos de ingreso para cada cuento), y existen algunos detalles del marketing editorial que redoblan la apuesta sobre el libro como objeto, algo que, desde ya, es de agradecer.

Alejandro Alonso, 2o16

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Me dijeron que en el reino del revés…

Es la segunda oportunidad que en este espacio reseñamos un libro-álbum de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes (aquí la entrada anterior), editado por Colihue en el marco de la magnífica colección “Tal para cual”. La propuesta estética de Cuando todo pasa volando difiere de manera fundamental con la de El pueblo que no quería ser gris: aquí tenemos personajes prolijamente recortados (literalmente recortados en papel glasé), y predominan los colores planos, apagados. Esta elección estética parece amortiguar el impacto visual, pero al mismo tiempo permite introducirse mejor en el nudo de la narración.

pajarito-2Sin abandonar el tono de fábula, y en este caso con un fuerte elemento prodigioso que subvierte el orden establecido, la obra nos interna en el pequeño infierno personal de Don José, cuya única falta es haber ido a comprar un pajarito a la veterinaria, un pajarito en una jaula. A la manera de una maldición gitana, Don José ve cómo su mundo se pone patas arriba. A través de este mecanismo, la dupla de autores toca temas tales como la libertad (y las formas de disfrute, particularmente el trato a los animales), la responsabilidad, la dinámica y la importancia de los roles que cada cual desempeña en su comunidad, entre otros. Tal vez, el verdadero núcleo tópico del relato sea “el control”, y la relación entre los controladores (la rutinaria rigidez de Don José lo enmarca en este perfil) y el resto del mundo, que no siempre se deja controlar.

Colección Tal para Cual, de Colihue.

“Hay libros que abren puertas grandes a la imaginación y Cuando las cosas pasan volando es uno de ellos”, adelanta la contratapa del volumen de Colihue. Las múltiples lecturas de la obra confirman que estas puertas son muchas, variadas, y que cualquiera lleva a buen destino.

Alejandro Alonso, 2016

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De luto

Quienes formamos parte de este blog queremos expresar nuestro más sentido pésame por la muerte de Roberto Chwat, gerente de Editorial Sigmar. El mundo de la LIJ está de luto. Acompañamos a la familia editorial y a quienes han conocido al ingeniero en el dolor y en el pedido de Justicia.

En la Feria del Libro de Buenos Aires, junto al jurado del Premio Sigmar.

En la Feria del LIbro, junto al jurado del Premio Sigmar.

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Las voces de la identidad

El tema de la identidad —ya sea que tenga relación directa o no con las apropiaciones ilegales de bebés en la década de 1970— se ha convertido en materia recurrente dentro de la literatura argentina de las últimas décadas, y la literatura infantil y juvenil no escapa a esta realidad. Que un tema se convierta en tópico (en el sentido de ser recurrente, de transformarse en una receta utilitaria o en un remanido complemento pedagógico) coloca a la temática en la misma categoría que los heresiarcas de Uqbar guardaban para los espejos y la cópula.

Las buenas narraciones escamotean el tema, que luego emerge del conjunto de los hechos relatados. Descubrirlo debería ser exclusiva potestad del lector, no importa de qué edad. En literatura, no se escribe sobre la recuperación de la identidad para pasar una serie de mensajes relacionados. Se escribe (punto) y, si hay suerte y pericia, el lector acompañará a los personajes que pierden o recuperan la identidad, se identificará con la búsqueda y las dudas, padecerá las crisis y tal vez, si le place, se alegrará al final.

Creo que éste es el caso de Las voces del bosque, de Estela Pérez Lugones, una novela juvenil que en 2016 ganó el Premio Sigmar de Literatura Infantil y Juvenil, en coincidencia con el aniversario 75º de esa casa editorial. La autora viene escribiendo desde hace bastante, concurriendo a talleres como el de Silvia Schujer y perseverando en esta tarea. En palabras de uno de los jurados, el especialista en literatura infantil y juvenil Mario Méndez, el reconocimiento “es el premio a una luchadora”.

Estela Pérez Lugones (con Alejandro Alonso) en la entrega del Premio Sigmar

Estela Pérez Lugones (con Alejandro Alonso) en la entrega del Premio Sigmar

En un tono cálido, a través de imágenes de gran belleza, y apelando a una serie de recursos de lo más variopintos (que van desde el culebrón/telenovela a la magia serena de los grandes relatos de corte fantástico), Pérez Lugones logra introducir al joven lector en una aventura casi policial donde los conflictos familiares, la historia de los personajes, la mística del paisaje, la relación del hombre con la tierra y la búsqueda de la identidad van tomando de a poco el protagonismo. Personalmente, sólo lamenté cierta falta de gradualidad en las revelaciones y peripecias de los personajes, probablemente asociada a los límites de extensión que propone el género o a la paciencia que (se podría suponer) los lectores jóvenes están dispuestos a concederle a la narración (probablemente más efímera que la de quien suscribe).

La edición que Sigmar hizo del volumen para su colección Telaraña está inteligentemente ilustrada por Celeste Berlier, cuyos trabajos ya hemos visto en la cartelería de la Feria del Libro de hace tres años, y en Francesca imagina, de Diego Rojas (Quipu, 2011).

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Universos infantiles, encerrados en pompas musicales

exportadas-metropolitano-34Los responsables de este blog (el Buhonito incluido) nos declaramos fans de los Caticuénticos desde la primera vez que tomamos contacto con sus canciones. Por ese motivo, cuando nos enteramos de todas las presentaciones que tienen de aquí a fin de año, y de la salida de algunos libros ilustrados relacionados con las letras de sus temas, morimos de felicidad… Y después resucitamos para escribirles, queríamos saber más. Sin soltar la guitarra, Daniel Bianchi dialogó con el Buhonito sobre estos temas.

—¿En qué consiste el próximo espectáculo?
DB: En el espectáculo presentaremos canciones de nuestras dos últimas producciones discográficas: Nada en su lugar y Algo que decirte. Se trata de canciones propias, que usan ritmos de las distintas regiones de Argentina y Latinoamérica. Están pensadas especialmente para los niños y para ser compartidas por toda la familia. Nuestro espectáculo siempre se va renovando con la inclusión de nuevas canciones, sin dejar de lado las canciones que sabemos que la gente espera escuchar. De esa manera, y con la participación espontánea y cómplice de chicos y grandes, nos aseguramos que cada presentación sea única e irrepetible.

—A lo largo de las canciones, ustedes recorren una buena cantidad de ritmos y temáticas, variando el color y expandiendo la propuesta musical para relacionarla con distintas vertientes musicales de la Argentina, incluso de América Latina. ¿Qué músicos y poetas los inspiran? ¿Con qué obras dialoga el repertorio de Canticuénticos? (En estos momentos el Buhonito está escuchando “Vaguito”, canción por la que morimos de amor, y que parece dialogar con otros temas de Tarragó Ros, León Gieco…)
DB: Dentro de la música y la poesía latinoamericanas encontramos grandes referentes, que son insoslayables a la hora de abordar un género. De ellos tomamos nuestra fuente de inspiración. Podríamos nombrar algunos, aunque es una lista tan grande que siempre quedaría incompleta. Se me ocurren en este momento Violeta Parra, Chabuca Granda, Chico Buarque, Daniel Viglietti, Jaime Roos, Simón Díaz… Dentro de la música argentina: Atahualpa Yupanqui, Cuchi Leguizamón, Eduardo Falú, y de la nueva generación, músicos como Coqui Ortiz, Juán Quinteros, Carlos Aguirre y otros. Nuestra intención es abrir una puertita para que los niños se acerquen a la obra de estos importantes cultores, para que al llegar a una edad adulta puedan estar familiarizados con el lenguaje de cada uno de ellos, y puedan apreciarlo en su cabal dimensión.

exportadas-metropolitano-18“En el ámbito de la música para niños —agrega Bianchi—, no podemos olvidarnos de Cri Cri, Jorge Velosa, Jairo Ojeda, Luis Pescetti, Mariana Baggio y, por supuesto, María Elena Walsh. Una de las ideas fundadoras del grupo fue la de trabajar con músicas de raíz folklórica de nuestro país y de Latinoamérica. Creemos necesaria la vinculación de los niños con este patrimonio cultural que es propio de nuestros países, y que muchas veces está relegado. Queremos crear la conciencia de un cancionero rico, abierto y participativo, del que todos podemos formar parte. Un arte que habla en nuestro propio idioma y con nuestra propia voz, que nos identifica y que nos representa orgullosamente como argentinos”.

—¿Cuál es el perfil de los integrantes de Canticuénticos, de qué disciplinas vienen?
DB: Todos los músicos de Canticuénticos venimos de actividades diversas, pero siempre relacionados con la música. Algunos somos docentes de educación musical, músicos profesionales de distintos géneros como el jazz, la música contemporánea, el folklore, el tango. Uno de los integrantes del grupo tiene un estudio de grabación profesional.

tapa-el-mamboretaComo no sólo de música vive la poesía, los Canticuénticos decidieron incursionar en los libros ilustrados: El mamboretá es el primer libro de la serie “Canticuénticos en papel”. “Ya estamos trabajando en el segundo libro de la serie —cuenta Sebastian Cúneo, a cargo de la producción del grupo—, que saldrá en noviembre. Es la versión en libro de nuestro chamamé “El Mamboretá” (de Nada en su lugar). El texto es de Ruth Hillar y las ilustraciones son de Estrellita Caracol. Hicimos una primera tirada de 3000 ejemplares y hace un mes ya hicimos una reimpresión por otros 3000 ejemplares”.

La idea, agrega, es acercar a los chicos a los libros a través de la música. La obra, de 2016, está editada por Canticuénticos y distribuida por Gerbera Ediciones Infantiles. “Tenemos ya en mente el segundo y tercer libro de la serie, que será sobre la canción de cuna litoraleña ´Noni noni´ y el tercero sobre la ´Cumbia del monstruo´ de la laguna”, agrega.

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Próximas funciones
Habrá funciones en Rosario (30/10), Bariloche (11/11), San Martín de los Andes (12/11) y Neuquén (13/11), según destacan los Caticuénticos en su página de Facebook.

En Buenos Aires y CABA:


pez_nosotrosAVELLANEDA
TEATRO COLONIAL
Sábado 22 de OCTUBRE – 16:00 hs
Av Mitre 141 – Avellaneda (Pcia de Buenos Aires)
Horario de boletería: Lunes a Viernes de 9.00 a 21.00. Sábados y feriados de 10.00 a 20.00
Tel: 011 42011646
Entradas en TUENTRADA
Anticipadas en venta por sistema tuentrada.com

Menores de dos años no abonan entrada.


bio_fotoSAN FERNANDO
TEATRO SOCIEDAD ITALIANA
Domingo 23 de OCTUBRE – 15:30
Constitución 360, San Fernando
Entradas anticipadas en venta en la boletería del teatro de Martes a Sábados de 10:30 a 12:30 y de 16 a 19:30 horas.
Tel: 45491793
Menores de dos años no abonan entrada.


algodecirte_gal01BELGRANO (CABA)
AUDITORIO DE BELGRANO
Sábado 26 de NOVIEMBRE – 15:00hs
Virrey Loreto 2348, Barrio de Belgrano, CABA
Entradas en PLATEANET
En el teatro, boletería de Martes a Sábados de 14.00 a 19.00, y días de función desde tres horas antes del espectáculo

Tel: 4783-1783
Venta telefónica: PlateaNet: 5236-3000, y en el teatro de Lunes a Sábados de 10 .00 a 22.00 y Domingo de 12.00 a 19.00.


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TEATRO GRAN RIVADAVIA
Domingo 27 de NOVIEMBRE – 15:00
Av. Rivadavia 8636, Barrio de Floresta, CABA
Tel: 4674-1300
Entradas en FULLTICKET
Horario boletería: Lunes a Sábado de 11.00 a 19.00.


 

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Libros-álbum en el kiosco de su barrio

tu-alien-3Paseando por el Microcentro porteño descubrimos con alegría una nueva colección de libros-álbum publicada por Planeta DeAgostini. La editorial asegura que “en esta colección encontrarás libros muy especiales, únicos. Muchos no han aparecido hasta ahora en el mundo de habla hispana y otros, pese a su calidad, hace tiempo que no están en las librerías. Además, hallarás ilustradores premiados y reconocidos internacionalmente como Ivar Da Coll, Pamela Zagarenski, Mordicai Gerstein, Jósef Wilkon´, David Wiesner, Carme Solé Vendrell, Brian Floca, John Klassen, Babette Cole… Y junto a ellos autores como David Macaulay, Mariana RuizJohnson, Javier Villafañe, Gusti, Tomie de Paola, Leo Lioni…”

Para los mediadores de lectura y los padres, estos libros cuentan con una ficha que detalla información sobre la obra, sus creadores, otros títulos relacionados y algunas ideas para poder charlar después de la lectura.

tu-alien-1El libro que da inicio a la colección es Tu alien, de la estadounidense Tammi Sauer (texto) y el japonés residente de California Goro Fujita (ilustración). Tu alien fue elegido mejor libro del año por la National Public Radio en los Estados Unidos en 2015. La obra, que dialoga abiertamente con películas y otros libros conocidos —el más popular probablemente: E.T., el extraterrestre—, traza puentes entre el universo de la imaginación infantil y la cotidianeidad de los niños.

Tal vez sea criticable la traducción del título original (Your Alien), que podría haber sido “Tu extraterrestre”, “Tu alienígena” (palabras éstas que sí figuran en el Diccionario de la RAE), y el inevitable uso que los traductores españoles hacen de la segunda persona del plural, infrecuente para el habla argentina (pero fundamentalmente correcto).

Con gran ternura y una perfecta coordinación entre texto e ilustración, los distintos planos de la narración muestran el goce del protagonista-niño con su amigo (venido de las estrellas, pero es dable interpretar que también de su imaginación infantil, de sus deseos) en sitios y a través de situaciones familiares, como las que se dan en el salón de clases, la sala de estar o el propio cuarto antes de ir a dormir.

tu-alien-2Desde el punto de vista gráfico, Fujita elige expresarse a través de imágenes oscuras, donde las áreas de atención aparecen iluminadas. El estilo tiende vagamente a lo poligonal (surgen elementos como la luna, plasmada como un polígono… esa luna se roba todas las miradas), pero con detalles realistas. Con todo, en este contexto relativamente simple, se puede apreciar la gran expresividad del niño sobre el cual descansa mayoritariamente la narración. Así, este protagonista pasa por distintas emociones, que van de la alegría a la añoranza, en su camino de descubrimiento sobre qué es lo que necesita su alienígena, y también él mismo.

Un detalle a tener en cuenta: la narración arranca en la mismísima portada, con una ilustración que —disimulada entre los elementos paratextuales— un lector poco atento bien podría pasar por alto. Pero esto es parte del juego, de lo fabuloso de los libros-álbum. En esta línea, y a modo de apéndice, las guardas del volumen muestran nuevas desventuras del amigo del protagonista, el alienígena en cuestión. Si bien separadas de la historia principal, estas pequeñas escenas están unidas a la historia desde lo estético y lo dramático, llamando la atención del lector y acaso invitándolo a seguir disfrutando.

M. Florencia Tabanera y Alejandro Alonso, 2016

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Fantasmas inquietos que agitan la memoria

El universo de Las Casuarinas —el pueblo en el que Cristina Colombo eligió desplegar al menos dos de sus novelas juveniles— parece un lugar al que cualquiera quisiera regresar. Tanto en Un muerto espera en el claro del bosque (Colihue Joven, 2014, con ilustraciones de Oscar Capristo) como en Los fantasmas del Luxor (La Brujita de Papel, 2016, para su colección Los libros del ratón, con ilustraciones de María Lavezzi) tienen por protagonistas a grupos de chicos (abandonando el territorio seguro de la infancia para internarse en la adolescencia) que deben superar alguna prueba, ya sea en clave de policial negro, o en clave de aventura colectiva.

Sin apelar al sentimentalismo barato, Colombo intenta llevar a los jóvenes lectores a un mundo más tranquilo que el actual, aunque no menos movilizante. Imagino que en esto reside parte del encanto de Las Casuarinas y de las historias ambientadas allí, al menos para un adulto de la edad de quien suscribe, o mayor. ¿Les pasará lo mismo a los chicos? ¿Se engancharán con estas historias menos vertiginosas? La literatura infantil o juvenil debería ser capaz de conectar generaciones, del mismo modo que algunos clásicos nos conectan con ciudades, personajes y situaciones muy lejanas a nuestra experiencia cotidiana.

Tapa Los fantasmas del Luxor.inddEn el caso de Los fantasmas…, la obra más reciente de Colombo, la acción se enfoca en Franco, el narrador, y en sus amigos y familiares, luego de que llega al pueblo la noticia de que el ya vetusto cine del barrio, el Luxor, será vendido para que allí se instale un supermercado chino. Creo adivinar en esta historia ecos de Cinema Paradiso (la película de Giuseppe Tornatore de 1988), sin embargo, la autora niega esa influencia. “Más que con Cinema… creo que dialoga con las noticias que leo sobre cines que cierran aquí y allá, y el esfuerzo que hace la gente por mantenerlos abiertos. Con dinero habría comprado más de uno, pero como no tengo escribí el libro, para darme el gusto de salvar al Luxor, al que nadie podrá ponerle las manos encima porque lo digo YO”, afirma. No hace falta ir muy lejos para darse cuenta de que esa ola de cines de barrio en peligro (antes desplazados por los templos evangelistas, ahora por supermercados chinos, quién sabe qué será mañana) es en realidad un tifón que viene azotando desde hace varias décadas, de manera que Las Casuarinas podría ser Villa Urquiza, Parque Patricios, o Floresta, por nombrar tan sólo algunos barrios de la Ciudad de Buenos Aires.

Como docente o mediador de lectura es lícito preguntarse si esto que los protagonistas de Los fantasmas… viven como un drama será sentido del mismo modo por un chico de hoy. En una sociedad que no se cansa de promover el individualismo (el individuo aislado es permeable a los bolazos de la propaganda, el marketing, los extremismos) la liturgia compartida del cine de barrio asume una pátina de leyenda.

un-muerto-esperaTanto en Los fantasmas… como en Un muerto espera… la narración convoca a un amplio abanico de personajes, algunos memorables. La acción los ubica en múltiples situaciones y escenarios, de manera que, además, pueden mostrar múltiples facetas. Así, por ejemplo, el padre de Franco (el protagonista de Los fantasmas…) se muestra como un romántico incurable, un hombre de acción (no se engancha en cualquiera, pero cuando lo hace…), pero también como un apasionado de su equipo de fútbol. No es poca cosa viniendo de una obra “juvenil”, donde los padres y los adultos en general suelen ser retratados como achatados, pasados de moda, equivocados…

Colombo también deja espacio para esas cosquillas del alma que produce el amor adolescente (o simple metejón), con su irresistible carga de equívoco, de inocencia, de incomodidad. Claramente no se parece mucho a eso que hoy —por razones culturales o socioeconómicas— viven nuestros jóvenes. La modernidad se ha encargado de arrebatarles esa inocencia. Es posible que lo que Colombo transmite funcione de todos modos, tal vez del mismo modo que las historias de príncipes y princesas a cierta edad. No lo tengo claro.

Con todo, los valores que Colombo propone en este relato llegan mansamente, con humor, sin etiquetas morales. Al final, la historia se resuelve brillantemente, con poco y nada de moraleja y mucho de emoción.

La edición de Los fantasmas… que realizó La Brujita de Papel presenta varios yerros formales que no estropean la experiencia. Las ilustraciones de Lavezzi acompañan el texto, aunque a veces delatan ciertas resoluciones antes de tiempo. Si la colección Los libros del ratón sigue aportado por esta clase de historias capaces de conectar generaciones y si levantan la puntería a la hora de resolver las publicaciones, me dará gusto volver a leer sus obras.

Ya que empezamos mencionando Las Casuarinas, conviene volver sobre nuestros pasos y decir algo sobre Un muerto espera… La edición de Colihue es muy buena, y las estupendas ilustraciones de Capristo asumen un rol mucho más activo que lo que se puede ver en Los fantasmas… Una de las claves de estas dos novelas juveniles es el humor, y la elección de Capristo significa que este punto fue atendido acabadamente por Colihue.

Alejandro Alonso y Cristina Colombo en el stand de Colihue de la Feria del Libro.

Alejandro Alonso y Cristina Colombo en el stand de Colihue de la Feria del Libro.

Consultada para esta reseña sobre la posibilidad de que Un muerto espera… tuviera influencias de la película Cuenta conmigo (Rob Reiner, 1986) o en la novela corta de Stephen King que sirvió de base (“El cuerpo”, incluido en uno de los tomos de Las cuatro estaciones, de 1982), Colombo me contó: “Nunca pensé en Cuenta conmigo. La película tiene un tono melancólico y hasta doloroso del que carece Un muerto espera… Allí el humor es un factor siempre presente”. Con todo, ese diálogo literario con la obra de Stephen King parece inevitable en mi caso. De hecho, cada lector lo asumirá a partir del propio repertorio de lecturas y películas vistas.

Esas películas, curiosamente, nos llevan de nuevo a Los fantasmas del Luxor y su carga emocional. La emoción parece estar siempre en el centro del relato y de la literatura, tal como la concibe la autora. “En cuanto a la Literatura Infantil y Juvenil (LIJ) —confiesa Colombo—, si pienso en roles, recuerdo todo aquello que yo buscaba experimentar cuando leía de chica. Empatía, apasionamiento, interés, alegría, tristeza, curiosidad. Un deseo enorme de tragarme el mundo entero y de leer y volver a leer. El poder despertar todo eso en un chico, así es como yo concibo la LIJ”. La autora me contó que tiene en gateras otra novela (en fase de corrección, dijo) ambientada en Las Casuarinas. Con algunos personajes de uno y otro libro, “y algunos nuevos”. Habrá que estar atentos. Las Casuarinas, como dije, parece un lindo lugar para volver.

Alejandro Alonso, 2016

 

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Una épica ecológica, con interferencias

margot-2Después de mucho buscar y no encontrar una definición de literatura que aplicara a todas las obras literarias en todas las épocas[i], terminé cincelando (no con la precisión del orfebre, sino más bien con la tosquedad del herrador de caballos) ciertos preceptos que funcionan de a ratos. Hoy tengo la certeza de que no existe un destino único llamado Literatura, sino señales, preguntas, pistas, mapas incompletos, testimonios de quienes se perdieron, indicaciones y sugerencias probablemente útiles para pensar la mejor ruta hacia todos esos lugares que otros dijeron que eran Literatura. Incluso me animo a ir más allá: lo único que existe es la interpretación que, con mayor o menor acierto, podamos hacer de todos esos elementos indiciarios. Vaya entonces esta declaración a modo de disculpa. Creo que esta reseña de Margot y la mosca de Alicia Barberis (Colihue Joven, Buenos Aires, 2015) no debería tener más entidad que el anuncio de un vendedor de quesos en la banquina de una ruta provincial. A algunos le resultará atractivo, relevante, útil, y a otros les parecerá errado (aunque con las mejores intenciones), poco relevante o confuso: no les servirá para nada.

Sin proponérmelo, mi baquiana en la lectura de la novela juvenil que nos ocupa (al menos en parte de ese trayecto) fue María Adelia Díaz Rönner. Sus ideas sobre la literatura para chicos y su descripción de las perturbaciones, intrusiones y traiciones que otras disciplinas ejercen en el abordaje a la literatura infantil funcionaron como guía para disparar preguntas y encontrar nuevas perturbaciones análogas, ya no en los abordajes e interpretaciones que los mediadores de lectura puedan ejercer, sino en una etapa anterior: en el ejercicio de escribir a la medida de esos abordajes foráneos, destruyendo así los múltiples derroteros de lectura y las potencialidades lúdicas del texto.

Dice Díaz Rönner que la literatura infantil (¿aplicará esto mismo a la literatura juvenil?) trata de “muchas cosas que nunca están superpuestas: de las palabras y multiformas que cada escrito les otorga. Porque la literatura trata del lenguaje de sus resplandores en pugna”, y asegura que, a menudo, “se plurirramifica el tratamiento de un producto literario para los chicos abordándolo desde disciplinas que distraen el objetivo —y la especificidad, en suma— de todo hecho literario: el trabajo con la lengua que cada escrito formaliza” (Díaz Rönner, El Escenario de la literatura infantil, 2005, pág. 16). En Cara y cruz… la profesora pone el acento en el afán pedagogista y didáctico, como camino a un reduccionismo que “hace imposible el placer por lo que se oye o por lo que se lee” (2005, pág. 21).

¿Qué pasa entonces cuando estas distracciones de lo literario se proponen desde la misma concepción del libro? Probablemente estemos hablando entonces de un libro para chicos (bueno, malo, mediocre, útil para ciertos fines o afín a ciertas ideologías), pero ya no se trata de un libro de literatura infantil. Tanto en el libro ya citado, como en La aldea literaria de los niños, Rönner emplea el término “servidumbre” para describir las “utilizaciones” a que los textos se ven sometidos (desde su interpretación y desde su producción), en detrimento del potencial literario. Esos servicios, grafica Rönner, son “instruir y preparar moral y éticamente a los niños” (Díaz Rönner, 2011, pág. 103).

La mosca en la sopa
El argumento de Margot y la mosca de Alicia Barberis nos lleva a Rincón del Sol: un pueblo ubicado a orillas de un río, y bajo cuyo territorio hay islas que se mantienen en estado natural. Dicho estado de cosas se romperá al surgir la posibilidad de levantar en esas islas un emprendimiento inmobiliario, generando bandos a favor o en contra. Esta disputa abre una brecha en la familia de la joven Camila, dejando de un lado a la abuela Margot y a la propia Camila, y del otro a los padres (estos últimos alineados con el intendente, a favor del proyecto). Para ayudar a Camila, Margot y sus aliados ambientalistas, aparecerá un extraterrestre con forma de una mosca que aportará sus servicios como espía.

margot-1Barberis se mueve con destreza, pero también con bastante previsibilidad (todo sea dicho: hablamos de previsibilidad teniendo en cuenta un lector adulto o un lector joven más o menos sagaz), en las peripecias de los personajes y sus conflictos. Con un lenguaje amable, pródigo en concesiones de todo tipo para con los lectores jóvenes, la autora logra que la historia resulte entretenida, pero sobre todo que los docentes puedan rápidamente extraer de la misma un montón de temas para trabajar en clase (aspectos sociales, culturales, científicos…) sin esforzarse demasiado. En otras palabras, una aparente panacea para el docente o el mediador de lectura sin ganas de complicarse.

Dicho esto, ¿por qué creo que Margot y la mosca es un buen libro para chicos?

  1. Presenta una serie de temas de interés para su trabajo en clase, la conversación en el hogar o para confrontarlos con los diversos discursos periodísticos. Hablamos de responsabilidad para con el medio ambiente, el compromiso con los ideales, la resolución de conflictos… y de otros tópicos científicos, culturales e históricos. Algunos de estos elementos, incluso, están felizmente integrados con el relato.
  2. El lenguaje elegido es amigable, sin grandes desafíos de comprensión para el lector joven. A lo largo del relato, además, éste se encontrará con numerosos elementos que le son familiares (el uso de redes sociales y de la tecnología en boga, por ejemplo).
  3. La historia encierra un conflicto claro, que puede ser relacionado con hechos de la realidad sociopolítica del país. Los personajes, si bien arquetípicos (o tal vez gracias a ello), permiten que el desarrollo de ese conflicto pueda ser ampliamente comprendido.
  4. En general, la edición es muy buena desde lo formal, y las ilustraciones de Seba Mercau resultan no sólo funcionales, sino tremendamente expresivas y, tal vez por ello, movilizantes.
  5. Al final de la novela, la autora ofrece “Algunos datos más”, que permiten profundizar en algunas “puntas” que fue tirando a lo largo de los capítulos.

Cruzando la vereda, ¿por qué creo que es un mediocre libro de literatura infanto-juvenil?

  1. Quedan en evidencia muy rápidamente los elementos extraliterarios (didactistas, pedagógicos, ideológicos, de corrección política).
  2. También queda en evidencia la intención del autor de congraciarse con el lector, a través de los procedimientos descriptos en el punto 2 del anterior listado. Me pregunto si esto es condición necesaria para atraer a las nuevas generaciones de lectores y fidelizarlos. En la novela, todo es bastante explícito. Incluso lo lúdico está preconfigurado en la forma de acertijos o enigmas (algo que Barberis ha incorporado en varias de sus obras publicadas por Colihue[ii]), más evidente aún debido al planteo tipográfico, que hace uso (y abuso) de múltiples fonts.
  3. Tono y tema del relato resultan “políticamente correctos”. Los personajes son planos, rozando lo meramente funcional.
  4. Si bien no es necesario que una novela respete a rajatabla las reglas que podrían imponer los géneros (como la ciencia-ficción), el saltar estas reglas arbitrariamente rompe el “contrato de lectura”[iii] establecido con los lectores más experimentados. En la ciencia-ficción, ese contrato pasa a menudo por la verosimilitud en la resolución de los desafíos y de las peripecias de los personajes (es una tarea ardua, donde primero se plantean las reglas del universo en cuestión, y después se resuelve en base a esas reglas, muy al estilo de lo que propone también el policial clásico). Por momentos, Barberis juega bien este juego, ajustándose con destreza a las reglas de la verosimilitud, pero en muchas ocasiones apela a resoluciones ramplonas, extemporáneas, del tipo ad hoc.
  5. Hasta donde me fue posible averiguar, Rincón del Sol es un pueblo imaginario, y la autora no se preocupa por darle filiación alguna. La autora apela a lo largo del relato, sin embargo, a varios elementos “argentinos” (como las canciones de Luis Alberto Spinetta, o los Asambleístas de Gualeguaychú). Cabe preguntarse si esta elección resulta afortunada (y aquí no me es posible hacer ningún juicio de valor, sólo dejar la pregunta), porque termina haciendo más evidente aquello que comentábamos en el primer punto de este listado.
  6. Las mismas salvedades hechas con los géneros podrían aplicar al punto de vista (que en este caso es, predominantemente, el del espía). Ciertamente no hay obligación de respetarlos. La autora elige en al menos una ocasión cambiarlo intempestivamente (creemos que ese procedimiento busca ser humorístico), antes de elaborar una solución más ingeniosa manteniendo el punto de vista.

Es posible que tanto la editorial como la autora no pensaran en las categorías que elegimos (libros para chicos, literatura infantil/juvenil), lo cual resulta no sólo válido sino incluso deseable. Se escribe (y se publica) lo que se puede, lo que se quiere, lo que las circunstancias propias o del mercado permiten… Mientras se haga desde la honestidad intelectual, todo lo demás sobra. De ahí que muchas de estas observaciones podrían no ser relevantes ni para los lectores, ni para los mediadores de lectura. Me conformo con debatir esa relevancia, generar preguntas. Es posible, también, que otro lector de Díaz Rönner (incluso la misma profesora, si viviera) abjurara de mis interpretaciones de su legado. Parafraseando un poco a Groucho Marx, éstas son mis interpretaciones, si no le gustan (y me permite entender por qué no le gustan), tendré otras. Por otra parte, huelga decirlo: si bien los argumentos pretenden ser objetivos, podrían estar subordinados al gusto personal de quien lo escribe. De carne somos.

Alejandro Alonso, 2016


Bibliografía mínima
Díaz Rönner, M. A. (2005). El Escenario de la literatura infantil. En M. A. Díaz Rönner, Cara y cruz de la literatura infantil. Buenos Aires, Argentina: Lugar Editorial.
Díaz Rönner, M. A. (2011). Literatura infantil: prácticas culturales de la servidumbre. En La aldea literaria de los niños: Problemas, ambigüedades, paradojas. Córdoba, Argentina: Comunicarte.

Notas
[i] No es consuelo, pero calculo que a Terry Eagleton (ver Una introducción a la teoría literaria, Fondo de Cultura Económica, México, 2012) le pasó lo mismo.
[ii] Dos ejemplos de esta práctica en Diario de un fantasma (Colihue Joven, Buenos Aires, 2013, pág. 18), y La cueva de las brujas Resto-Bar (Colihue, 2011, pág. 24). Aclaración obligada, desde el vamos queda claro que este último libro (apoyado por la Organización Panamericana de la Salud y la ASSAL) tiene un objetivo netamente utilitario en relación con la concientización de una alimentación saludable.
[iii] Se me perdonará aquí traer a colación una idea que viene del análisis de los medios periodísticos. El contrato de lectura es un concepto desarrollado localmente por el semiólogo Eliseo Verón: un pacto implícito entre los medios de comunicación y los destinatarios. “El estudio del contrato de lectura implica, en consecuencia, todos los aspectos de la construcción de un soporte de prensa, en la medida en que ellos construyen el nexo con el lector: coberturas, relaciones texto/imagen, modo de clasificación del material redactado (…) y las variaciones que se produzcan, modalidades de compaginación y todas las otras dimensiones que puedan contribuir a definir de modo específico los modos en que el soporte constituye el nexo con su lector”, define Verón en http://www.catedras.fsoc.uba.ar/delcoto/textos/veron_eliseo_analisis_del_contrato_de_lectura.pdf (consultado para este artículo en octubre, 2016). Lo hago aquí extensible, porque me resulta práctico y tal vez sin todo el rigor necesario, a la lectura de géneros como el policial y la ciencia-ficción. La idea es asimilar el soporte de prensa a los géneros mencionados.


 

 

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